Miro hacia arriba, buscando formas en el gotelé del techo. El tiempo se me ha hecho corto, y a la vez eterno. Parece que fue ayer cuando iba a la escuela, con mi mochila a cuestas, deseando ver a mis amigos y contarles lo que había hecho la tarde anterior. Miro mis manos, arrugadas y pálidas. Sonrío. Creo que ya es hora de dejar de cavilar sobre mi vida y salir de la bañera.
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