domingo, 30 de septiembre de 2012

Generosidad

El camarero se dispone a cerrar cuando ve a un anciano en una de las mesas. El vaso que tenía en la mano se ha caído y ha dejado un reguero de whisky que se derrama en cascada hasta el suelo. El viejo está recostado y duerme su borrachera con la boca abierta. Tiene los ojos hinchados, probablemente de llorar. El camarero se arma de paciencia antes de acercarse. Ya le ha pasado en más de una ocasión y sabe que tendrá que aguantar toda una historieta sobre putas desalmadas, cerdas avariciosas o jefes gilipollas. Cuando se dispone a zarandear al hombre para despertarlo y pedirle amablemente que se marche, éste abre los ojos. Son de un azul tan intenso que parecen trozos de cielo. El anciano sonríe y su faz se ilumina. El camarero, turbado por la visión de aquel extraño hombre, le pregunta por su estado. Le ofrece acompañarle hasta su casa, y en el caso de que no pudiera volver, le ofrece su propia morada. Le dejará dormir en su cama, comer de su comida, le dejará quedarse a vivir una temporada. El viejo suelta una carcajada y vuelve a sonreír, esta vez más abiertamente. El camarero sigue insistiendo, todo para que el hombre sonría de nuevo y sea feliz. De repente el anciano se levanta grácilmente, deja una nota y se marcha silenciosamente. El camarero la lee anonadado: <<Hasta los ángeles necesitan olvidar.>> Se ríe, incrédulo, y se marcha cerrando el local tras de sí. Ha olvidado barrer bajo la mesa del borracho, así que aún ignora la pluma iridiscente que reposa en el suelo.

sábado, 29 de septiembre de 2012

Impotencia

¿Pero quién te crees que eres? ¿Acaso te ves con derecho a desafiarme? No te vuelvas a acercar a mí hasta que no seas perfecta, gorda. Normal que no tengas amigos, si no sabes socializar. Me das asco. Sí, tú sigue cortándote, seguirás teniendo hambre, zorra. Y te lo advierto, por mucho que rompas tu espejo yo seguiré persiguiéndote en cada escaparate, en cada retrovisor, en cada charco...

viernes, 28 de septiembre de 2012

Pesar

Aquí estoy, esperando a que vuelvas...No puedo evitar que una gota de sudor frío me recorra la frente. Tiemblo. Estoy nerviosa. Le doy la mano a mi marido y se la aprieto tan fuerte que creo que le estoy haciendo daño, aunque él no se queja. Te estás demorando, eso no es bueno. Probablemente estés hablando con tu compañera, ésa del lunar grande en la nariz, cómo decírmelo. Ella tiene pinta de solterona amargada, seguro que tiene un gato...o dos. No ha sido demasiado amable conmigo, espero que no lo sea ahora. Se abre la puerta. Mi corazón se acelera aún más. Se me está durmiendo la mano de la fuerza con que agarro la de mi marido. La mujer entra con el rostro sereno. Se acabó, me está echando ESA mirada. Rompo a llorar y Enrique me abraza para consolarme, pero no puede...nadie puede. Por fin te diriges a mí y, con la voz entrecortada, me dices una sola palabra. Se me encoge el corazón ante la confirmación de la noticia. Me siento un poco culpable, pero no puedes hacerte una idea de cuánto te odio. No tienes la culpa, sé que hiciste lo que pudiste, pero te odio. Y sé que harás lo posible por ayudarme, pero te odio. Aunque algo te voy a decir: Nunca te odiaré más que a este jodido cáncer.

¿Nostalgia?


Miro hacia arriba, buscando formas en el gotelé del techo. El tiempo se me ha hecho corto, y a la vez eterno. Parece que fue ayer cuando iba a la escuela, con mi mochila a cuestas, deseando ver a mis amigos y contarles lo que había hecho la tarde anterior. Miro mis manos, arrugadas y pálidas. Sonrío. Creo que ya es hora de dejar de cavilar sobre mi vida y salir de la bañera.

domingo, 23 de septiembre de 2012

Angustia

Intento correr pero no puedo, es tan frustrante. No sé por qué lo intento, quizás esté huyendo. Una caída mientras sueño me hace abrir los ojos. Está todo oscuro. me quedo quieto, no me apetece incorporarme, estoy cómodo. Hay un olor peculiar, como a tierra mojada y el aire está muy cargado, debería abrir la ventana. Sigo quieto. Me doy cuenta de que la almohada es más baja de lo habitual, qué raro. Me pongo sobre un costado, empieza a resultarme difícil respirar, no lo entiendo. Me incorporo para ventilar el cuarto pero mi cabeza choca contra algo, ruedo a un lado y encuentro algo duro, hacia el otro, más pared, sudo, me pongo nervioso, no estoy en mi cama, apenas puedo moverme, estoy en una caja...sigue oliendo a tierra.

viernes, 21 de septiembre de 2012

Espera


  -Tienes buen aspecto.-Digo, sin apenas convencimiento.
  -No mientas, se te da muy mal.-Está apesadumbrado pero sonríe, y su sonrisa le ilumina su demacrado rostro como si fuera feliz. Se le da muy bien transmitir tranquilidad en los momentos difíciles, es algo que admiro y siempre intento imitar. No importa cuándo ni dónde, lo importante es sonreír. No puedo evitar que una lágrima se me escape. ¡Mierda! Me prometí a mi misma que no lloraría. Entonces me derrumbo.
  -No puedo vivir sin ti, cada día se me hace un infierno sabiendo que no estás conmigo. Te necesito y verte así me parte el alma. Te quiero.
  -Yo también te quiero, ya verás como todo saldrá bien. No llores, no me merezco tus lágrimas.- Entonces me inclino para besarle, pero mis labios sólo encuentran el frío cristal. Su rostro ha cambiado.-Tengo miedo. Sé que cometí un error y debo pagar por ello, pero quiero salir de aquí.-Sin decir nada apoyo la mano en la mampara y cuelgo el teléfono. Le lanzo un último beso antes de irme. El turno de visitas de la prisión es corto y no hay tiempo para las despedidas. Aún quedan 89 días para su libertad.

Gratitud


11:45 AM. Mi hija me cuenta por teléfono cómo está mi nieto, de un día de vida. Sonrío. Ayer les dieron el alta en el hospital y mañana nacerá. Miro el reloj con lágrimas de gratitud, son las 11:36 AM.

lunes, 17 de septiembre de 2012

Miedo


Se pinta las uñas con esmero, elige el modelito más favorecedor, se maquilla en abundancia y se hace un peinado elaborado. Mirando su reflejo en el espejo casi salta de la emoción, está guapa. De repente el miedo le atrapa el corazón, no puede salir así, seguro que alguien se da cuenta. Suspira profundamente y, mientras una lágrima le corre el rímel, se quita poco a poco la peluca, el vestido, los tacones y el maquillaje. Casi, por un momento,él había parecido una mujer.

miércoles, 12 de septiembre de 2012

Resignación


Llega cansado a casa después de trabajar. Su mujer ya está dormida. Ha perdido la cuenta del tiempo que llevan sin hacer el amor. Pisa un calcetín en el suelo, lo recoge y lo analiza. No es suyo, ni de su mujer. Sonríe apesadumbrado, se ha dado cuenta de que no le importa.

jueves, 6 de septiembre de 2012

Intensidad


Nos revolcamos como críos en la fresca hierba, empapados en el rocío matutino. Es como una danza, ambos sabemos cómo actuar y a qué consecuencias nos enfrentamos. En ese momento, el golpe de gracia. Un suspiro prolongado sale de sus labios y cesa todo movimiento. Me quedo unos minutos sobre él, con el corazón latiéndome a mil por hora. Ahora tengo que pensar rápido, ¿cómo me deshago del cadáver?