Lentamente una caricia, seguida de un tierno beso en los labios. Más caricias, más besos, cada vez más urgentes. Un silencio y comienza de nuevo. Ofrecerse, poseerse, explorarse. Es poesía y es danza. Es una conversación apasionada. Aumenta la intensidad, las lenguas se enredan y los cuerpos se fusionan, parece que haya mucha gente y a la vez están solos en el mundo. Jadeos y respiraciones. Sentimientos. De nuevo la calma. Pararse a decir te quiero con otras palabras. Contarse con el tacto lo que el alma quiere decir. Otra vez gemidos. Aumenta el calor y la prisa. Se repite el intercambio de pasión entre las bocas. De pronto el coro celestial calla. Sólo están ellos y no necesitan nada más. Se sienten, se necesitan, se beben el uno al otro. De nuevo asciende el nivel. Las respiraciones entrecortadas son jadeos, los jadeos, exclamaciones ahogadas. Gritos. Placer. Un crescendo, el éxtasis. Orgásmico. Los últimos momentos repiten procesos anteriores, para dejarse llevar de nuevo por el silencio y dar calma a los corazones desbocados. Así me gustan a mí las canciones. Así es la música.
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