lunes, 12 de noviembre de 2012

Castidad

Camina nerviosa por el asfalto mojado por la reciente lluvia. Ha aprovechado una tregua del tiempo para encontrarse con él. Sabe que no debería y no para de repetírselo, pero algo dentro de ella la impulsa a continuar avanzando. Al doblar la esquina lo divisa a lo lejos, está haciéndole gestos con la mano y sonríe ampliamente. Ella se ruboriza de inmediato, ¡qué sonrisa! La lluvia le ha empapado y se siente culpable, quizás lleve mucho tiempo esperándola. Tiene el pelo alborotado y lleno de pequeñas gotitas. -Es...sexy.- Las mejillas se le encienden automáticamente, -¿en qué estás pensando?- se recrimina. Cierra con fuerza los ojos intentando apartar todo pensamiento obsceno de su cabeza. Está un poco más tranquila cuando llega junto a él. La tranquiliza su presencia...siempre y cuando no la mire a los ojos. Conversan durante un par de horas, hasta que el reloj del campanario toca las ocho. Es hora de irse. Va a despedirme tímidamente de él con un ''adiós'' cuando, de repente, él le planta un beso en la mejilla, le sonríe y se va corriendo. Ella se toca la cara horrorizada y saca su rosario. Le queda un largo camino de vuelta rezando Avemarías por sus pecados. Ahora tiene que pensar cómo va a disimular las manchas de barro del bajo de su hábito de monja.

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