Un barco con destino desconocido zarpa desde una costa italiana.
Saco a mis amigos de la maleta en cuanto llego a mi camarote para que respiren un poco. Damos una vuelta por la cubierta y tomamos algo en la cafetería. Cuando vuelvo de noche al camarote mi maleta está abierta. Sólo queda un poco de ilusión en su interior. Guardo lo que hay en un frasquito y lo llevo conmigo.
Mis amigos y yo preguntamos por todo el crucero si alguien ha visto mi portátil, libros, pinturas o alguna de mis ideas. Nadie sabe nada, nadie ha visto nada. Al borde de la desesperación bebo un sorbito de ilusión, luego otro y otro. Vacío el frasco y me siento mucho mejor.
Sigo sin poder pensar algo que hacer porque mis ideas se han perdido. Mis amigos me ayudan y encuentro una de ellas. De pronto se me ocurre que no necesito nada más. Tengo amigos e ilusión, con eso puedo ir al fin del mundo.
Adivinad el destino del barco...
No hay comentarios:
Publicar un comentario