Él sabía que no había diferencia entre el techo y el suelo. Que donde pisaba, otra persona lo sentía. Él sabía que si los ciegos también son personas, el afecto no entendía de colores. También sabía que el niño que no tenía juguetes no los echaba de menos hasta que otro le prestaba los suyos un momento. Era un hombre tan sabio, que lo confundieron con un imposible y lo mataron.
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