-Cariño, ¿qué quieres por Navidad?
-Tú y yo.
Cada vez que lo recuerdo se me escapa inevitablemente una sonrisa. ¿Cuánto tiempo ha pasado desde entonces? No quiero pensarlo, porque sé que sería capaz de calcular con exactitud las horas y los minutos. Ese día estabas especialmente juguetona, y así lo demostraste esa noche mientras te entregaba mi regalo. Lo teníamos todo, pero los ángeles fueron celosos. No éramos dignos de tal paraíso antes de morir, por ello decidieron otorgarte a ti ese privilegio. Se me encoge el corazón pensando en ese momento y, justo antes de que se me escapen las lágrimas, un cliente me pide unas patatas bravas.
-¡Marchando!
Se las sirvo con una sonrisa y un vaso de cerveza: ''¡Invita la casa!'' Me da las gracias y me desea una feliz Navidad. Contengo una carcajada de melancolía y me pongo a fregar la barra. En el fondo sé que algún día será una feliz Navidad y la celebraré aquí, en el bar ''Tú y Yo''.
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